Opinión

Dejemos a un lado los intrascendentes debates inducidos, voluntaria o calculadamente, sobre secundarios temas, por la multiplicidad de constitucionalistas que aparecen a diario diluyendo la opinión de quienes sí lo son.
Imaginar una transferencia armónica es una ilusión, y proclamarla como una condición es una coartada para encubrir que no se quiere una transferencia del poder. La Constitución, formalmente vigente, no sólo reconoce la necesidad de una transferencia sino que la exige, y para ello proporciona distintos mecanismos que, obviamente, son plenamente constitucionales.
Frente a la opresión y los opresores caben dos actitudes: someterse y callar para sobrevivir o en términos del filósofo, rebelarse, indica nuestro columnista Diego Márquez en una revisión de la obra del filósofo Albert Camus.
La Junta Patriótica integrada por representantes de los más diversos sectores, contribuyó a formar una consciencia nacional en torno al derecho a elegir en forma democrática a los gobernantes, afirmar el principio de la alternabilidad política e impulsar en la práctica el fin de la dictadura.
En su última columna, el experto en el sector agro, Werner Gutiérrez, señala que la producción nacional solo será capaz de soportar 20% de la demanda interna de alimentos este año, debido a la profunda caída productiva. Plantea también las perspectivas del sector, en caso de que se establezca un nuevo modelo económico y agrícola.
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